El hombre perdido

En el anterior post hablaba de la desaparición de la verdadera naturaleza femenina, hacia el año 4000 a.C. Pero, ¿que pasó con los hombres que vivían en esa era matrística? Acaso no hay descendientes de esa fuerza masculina que convivía en paz, igualdad y respeto con el resto de seres humanos y la naturaleza? Por supuesto que sí.

Se habla mucho de la recuperación de la feminidad perdida, pero no tanto sobre la recuperación de la masculinidad perdida. Parece como si el hombre tuviera que tender a feminizarse, borrando, escondiendo o incluso anulando su autenticidad masculina.

Cada día aumenta el número de hombres perdidos, que ya no saben qué significa ser hombre y otros muchos que reniegan de su masculinidad, pues culturalmente están obligados a demostrar al mundo que son fuertes, competitivos y por supuesto, seguros de sí mismos.  Es cierto también, que hay otros muchos que ni siquiera se dan cuenta del daño que infligen a sus  compañeras, hijas  y madres. Sea como fuere, todos ellos experimentan una gran frustración.

Lost man

Fuente: weheartit.com

El papel que nuestra cultura espera de un hombre es el de aquél macho dominante que no muestra sentimientos ni emociones, sino que está dispuesto a todo en todo momento. Es un hombre predispuesto al sexo, exitoso, que acepta retos y que es fuerte emocionalmente, dominado a los demás a través del ejercicio del poder.

“Es tiempo de cambiar y abandonar los estereotipos de género que lo único que han hecho es hacer sufrir a las mujeres, a los niños y a los mismos hombres.”

Héctor Pizarro. “Porque soy hombre…”

De lo que se trata por tanto, es de que el hombre pueda recuperar los valores positivos de la masculinidad. Porque la recuperación de la auténtica naturaleza no es únicamente cosa de mujeres, sino que necesita de un esfuerzo, acompañado de consciencia, de todos aquellos seres humanos dispuestos a encontrarse a sí mismos y a vivir en armonía con su propia naturaleza.

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