La evolución del ser humano: la simbiosis

En 1859, uno de los científicos más influyentes de la época, Charles Darwin, nos contó en su obra «El origen de las especies» cómo era que el ser humano había conseguido evolucionar y sobrevivir adaptándose a las condiciones cambiantes del planeta. La teoría que defendía Darwin y que otros luego seguirían, fue la denominada «selección natural», por la que:

«Existen organismos que se reproducen y la progenie hereda características de sus progenitores, existen variaciones de características si el medio ambiente no admite a todos los miembros de una población en crecimiento. Entonces aquellos miembros de la población con características menos adaptadas (según lo determine su medio ambiente) morirán con mayor probabilidad. Entonces aquellos miembros con características mejor adaptadas sobrevivirán más probablemente.»

celulaA finales del s. XIX apareció el concepto de darwinismo social, que interpretaba las ideas de Darwin en un contexto social, afirmando que el mecanismo de evolución en este ámbito era debido a la supervivencia del más apto, siendo éste aquél que dispone de ciertos rasgos  que se reproducen en las siguientes generaciones, dando lugar esto a la idea de que aquél que sobrevive es el más fuerte, desde cualquier ámbito.

Estas ideas se han ido interiorizando en nuestras mentes y en nuestros cuerpos a través de la cultura y la educación, dando lugar a ciertas creencias, que puede que no sean del todo ciertas…

Lynn Margulis fue conocida por su descubrimiento de las células eucariotas y por la importancia del mundo microbiano en la evolución. Nos habló de la teoría simbiogenética en su libro, publicado conjuntamente con su hijo, «¿Qué es la vida?», definiendo la simbiosis como:

«la vida en conjunción de dos organismos disímiles, normalmente en íntima asociación, y por lo general con efectos benéficos para al menos uno de ellos»

O dicho de otra manera:

«aquellas relaciones persistentes en las cuales ambos organismos obtienen beneficios, en cuyo caso sería sinónimo de mutualismo»

Entonces, en términos científicos, ¿cuál es la auténtica naturaleza humana? ¿La supremacía del más fuerte en detrimiento de los demás o la colaboración para el beneficio de todos?

Si el ser humano ha logrado sobrevivir y evolucionar a lo largo de su historia gracias a su adaptación a las condiciones del planeta y dicha adaptación se ha hecho a través de la simbiosis de su mundo celular y microbiano, en un contexto social, la naturaleza humana es mutualista, cooperante. Para la evolución del ser humano es necesaria la colectividad y la solidaridad para con los demás seres humanos.

Y aplicando el concepto de simbiosis en el ámbito metafísico, si vivimos de forma vinculada, aliada y hasta fusionada con la vibración de la naturaleza, del Sol, de las montañas, de la Luna, de los ríos, de los mares… y también con frecuencias, como el amor, la felicidad, la sabiduría… tal vez nuestro proceso evolutivo fuere aún más respaldado, más sanador y más acorde con nuestra auténtica naturaleza.

simbiosisDibujo de: Raquel Forner

El hombre perdido

En el anterior post hablaba de la desaparición de la verdadera naturaleza femenina, hacia el año 4000 a.C. Pero, ¿que pasó con los hombres que vivían en esa era matrística? Acaso no hay descendientes de esa fuerza masculina que convivía en paz, igualdad y respeto con el resto de seres humanos y la naturaleza? Por supuesto que sí.

Se habla mucho de la recuperación de la feminidad perdida, pero no tanto sobre la recuperación de la masculinidad perdida. Parece como si el hombre tuviera que tender a feminizarse, borrando, escondiendo o incluso anulando su autenticidad masculina.

Cada día aumenta el número de hombres perdidos, que ya no saben qué significa ser hombre y otros muchos que reniegan de su masculinidad, pues culturalmente están obligados a demostrar al mundo que son fuertes, competitivos y por supuesto, seguros de sí mismos.  Es cierto también, que hay otros muchos que ni siquiera se dan cuenta del daño que infligen a sus  compañeras, hijas  y madres. Sea como fuere, todos ellos experimentan una gran frustración.

Lost man

Fuente: weheartit.com

El papel que nuestra cultura espera de un hombre es el de aquél macho dominante que no muestra sentimientos ni emociones, sino que está dispuesto a todo en todo momento. Es un hombre predispuesto al sexo, exitoso, que acepta retos y que es fuerte emocionalmente, dominado a los demás a través del ejercicio del poder.

«Es tiempo de cambiar y abandonar los estereotipos de género que lo único que han hecho es hacer sufrir a las mujeres, a los niños y a los mismos hombres.»

Héctor Pizarro. «Porque soy hombre…»

De lo que se trata por tanto, es de que el hombre pueda recuperar los valores positivos de la masculinidad. Porque la recuperación de la auténtica naturaleza no es únicamente cosa de mujeres, sino que necesita de un esfuerzo, acompañado de consciencia, de todos aquellos seres humanos dispuestos a encontrarse a sí mismos y a vivir en armonía con su propia naturaleza.